martes 6 de diciembre de 2011

GAFE GETAFE


Esta vez prefiero olvidar la primera parte por aquello de ser un cuadro tan repetido que a fuer de sincero se torna vulgar. En los primeros 45 minutos, el Sevilla nos volvió a mostrar la imagen de equipo gris, de quiero pero no puedo, de fallos insufribles en zonas peligrosas y con esa de falta de cohesión que nos viene mostrando a lo largo de la temporada. Espesita, pues, empezó la cosa.


Por primera vez, en Liga y desde aquel fatídico 25 de agosto de 2007, el Sevilla no vencía el gafe del Getafe y la verdad es que no empezaron bien las cosas con una jugada de posible penalti de Spahic. No comprendo cómo hay periódicos y comentaristas que le dan tanta importancia a una jugada que se produce con mucha asiduidad en los campos españoles, como son estos posibles penaltis, unas veces pitados y otras ignorados. Cada cual puede sacar su lista de penaltis que no le han pitado a su equipo, claro que cuando es favorable al Madrid, por ejemplo, ni aparecen ni se mencionan en las crónicas. Estaría gracioso que ahora se echara esto en cara a un equipo que precisamente no es muy apreciado en los dominios del villarato. Qué guasa, ¿no?


De cualquier forma, este tipo de jugadas –hoy por ti, mañana por mí- siempre son argumentos de entrenadores endebles, ya que al final, siempre y por regla general, termina imponiéndose el equipo que más ha jugado y ha puesto sobre el terreno de juego. Llantos post-partidos, que diría mi amigo Rafael.


No había ganado el Sevilla un partido por dos goles de diferencia, en toda la temporada. Es cierto que nos pusimos con esta diferencia ante Málaga y Sporting, pero al final nos quedamos en la mínima y sufrimos. Esta vez, el equipo se vino arriba con el segundo gol y mostró una cara más ambiciosa. Buena segunda parte, pero sin tirar las campanas al vuelo. Hubo detalles negativos que siguen persistiendo. No comprendo, por ejemplo, como los corners que tiramos se convierten, con demasiada frecuencia, en “boomerangs” contra nuestra propia puerta.


Marcelino achaca el bajo juego del equipo, en casa, a la presión del Pizjuán, ¿y cuándo jugamos fuera, qué es lo que pasa? En cualquier caso, merece nuestra confianza porque es persona seria y trabajadora. Le falta un poco de carácter, tal vez, pero lo suple con una gran humanidad. La verdad es que tampoco tenemos ahora muchos líderes sobre el terreno de juego, donde son importantísimos.


Enderezado, pues, el rumbo, oteamos un nuevo Tourmalet, a la vista, no tan alto como el de principio de temporada, pero sí importante para definir aspiraciones ligueras. Buen test. Levante (espoleado por la manita del Barsa) y Real Madrid.


Que los dioses del Opimpo futbolístico nos sean propicios. Ciao, amigos, hasta siempre.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada